Lo puedo decir con seguridad sin temor a equivocarme, no existe la más remota posibilidad de que nuestros actos acaben con este planeta. Nada de lo que nosotros podamos hacer puede siquiera hacerle una simple herida. Si llegáramos a hacerle una pequeña cortada sangraría como si se hubiera arrancado un pelo de su legendaria barba.
Esa alarmante idea de que seremos a futuro los destructores de este planeta, viene de esa exagerada idea de que somos e
speciales. A alguien se le ocurrió que si creaba una estrategia para lograr hacerles creer a los demás que nuestros pasos eran dirigidos por un “don”, que cada acto o decisión tomada estaba registrada en el “gran libro del porvenir”, luego de un complicado análisis cacuménico lograría manipular sus voluntades ofreciéndose como el enviado por la gran fuerza para conectar los deseos de los hombres a los actos divinos.
Entonces todo pensábamos que si éramos la gran obra de un poderoso demiurgo, eso nos hacía especiales y podríamos tomar cuanto el gran poderoso ha dejado para nuestras necesidades, cada vez más exigentes. Entonces llegó el momento de ver que de tomar y tomar lo que se supone nos dejo el todopoderoso, nos estamos quedando sin nada. Y todo esto sigue girando alrededor de la idea de lo especiales que somos, por encima de cualquier otra obra omnipotente, lo que nos llevó a pensar que podríamos destruir su obra. Es claro, la gran desfachatez del hombre nacida de su soberbia, presupone en nuestras febriles mentes que somos hijos de poderosos y por eso mismo creados poderosos y por consiguiente capaces de destruir una menor obra llamada tierra.
No, ningún acto que podamos cometer en contra de este planeta podría destruirlo. Chernóbil no es más que una herida escondida debajo de una gran selva. Lo que sí podemos lograr es desaparecernos a nosotros mismos. En adición a esto, cada acto que seguimos cometiendo sin freno y sin conciencia, justifican nuestro último acto de extinción. Hay que estar claros, si la especia humana desaparece no quiere decir que así mismo desaparezca el planeta. No. No somos tan especiales. Pensemos que el planeta es una cabeza cundida de apestosos piojos, ¿qué haría el planeta como el ser vivo que es? Exacto, eliminarlos para aliviar su padecimiento. Eso mismo pasará con nosotros. Lo ríos seguirán su cauce limpiando los desastres dejados, los animales podrán conquistar sus terrenos perdidos, el clima volverá a ser lo que era antes.
Olvídenlo, ningún ser humano acabará con el planeta, solamente será el causante de su propia desaparición.
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